miércoles, 21 de noviembre de 2012

Libertad, democracia y cultura (política moderna, censura y control)


El avance de las tecnologías ha permitido, sin duda, la consolidación de la interdependencia económica, el intercambio cultural y el cuajo necesario para alcanzar la sociedad de la información.

En nuestro país, una de las formas más democratizadoras se respalda bajo la Ley de la Transparencia, donde el ciudadano de a pie puede solicitar -con absoluta libertad- acceso a información de carácter público. El proceso se encuentra normado por el Consejo Para La Transparencia (CPLT), el cual permite, en su mayoría, realizar toda la petición vía correo electrónico.

Del mismo modo, cada año el CPLT entrega una nómina de quiénes son los que mayor respuesta otorgan a la comunidad, por lo que de forma automática generan una imagen respecto a su cultura organizacional y arraigo hacia la comunidad.

Y eso no sólo va en beneficio de la sociedad común, si no que otorga un impulso a la sensación de credibilidad de una nación, tras el respaldo de un Estado de Derecho y una serie de instituciones que dan seguridad a las empresas de que las normas no cambiarán de un momento a otro.

Tales signos son señales, por ejemplo, de que Chile no va a expropiar a la industria de un día para otro; o bien, subir los impuestos de forma estratosférica. Parece un beneficio algo indirecto, pero tal percepción se genera con políticas públicas basadas en tecnologías de la información.

Y si bien existen países que limitan –o les gustaría limitar– este tipo de actos, la sociedad accede a un sinnúmero de datos públicos (y no tan públicos) que permiten elevar el nivel cultural de las personas. De este modo, pueden ser más críticos respecto a una visión de país impuesta, para comenzar a generar valor y propuestas diferentes que aporten al progreso social, cultural y económico.


En el plano organizacional, esto también permitiría forjar nuevas ideas e innovaciones al interior de las empresas, lo que genera un ambiente de progreso generalizado. Las nuevas tecnologías rompen con el paradigma de la verticalidad y –basadas en su aceptación- otorgan esperanza para un futuro lleno de desarrollo.

Ahora bien, pese a todas las ganancias, es importante alcanzar un grado de arraigo a la identidad nacional y que no nos haga parecer que estamos en un mundo plano con culturas totalmente uniformes. Por lo tanto, hay que saber mantener el equilibrio entre la integración y el apego a la cultura local.

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